Esa misma mañana Martín también recibió la invitación a la fiesta. Y como Javier, también se sintió en la disyuntiva a la hora de decidir que hacer.
—¿Se puede saber qué te pasa ahora a vos que estás con esa cara? —preguntó Constanza frunciendo el ceño—. Hace una semana que venís arrastrando esa cara de velorio por toda la oficina. Ayer estabas un poco mejor y hoy, otra vez —soltó un suspiro—. ¿Me querés decir porque carajos terminaste con Samy?
Él la miró de soslayo.
—No terminé. Solo le di su