Samantha se quedó impávida ante la confesión tan sincera como brutal de Martín. Aunque una parte de ella no sentía sorpresa, pues varios le habían comentado previamente lo que el abogado sentía por ella, la intensidad y sinceridad con la que Martín se expresó consiguió descolocarla.
No era lo mismo escuchar rumores o interpretaciones ajenas que enfrentarse a la realidad de una confesión tan visceral. El momento fue tan inesperado como abrumador, dejando a Samantha sin palabras, atrapada entre la falta de sorpresa y el impacto de la verdad que acababa de escuchar.
—Sé que no es el mejor momento para decirte esto —prosiguió Martín, apenado—. Pero creo que tampoco es sano que siga callando lo que siento y he sentido por vos durante todos estos años.
Samantha, superada por la intensidad del momento, tomó las manos del abogado entre las suyas, buscando quizás transmitir un poco de contención o encontrar consuelo en el contacto.
—Martín..., yo... —dijo con voz trémula, reflejando la confusi