Apenas entraron en el automóvil de Martín, él arrancó y salió de ahí. No se habían dicho ni una sola palabra hasta el momento. El ambiente se llenó de una tensión evidente, resultado de la frustración y el enfado que dominaban al hombre.
Martín estaba furioso, no solo con Javier, sino también con toda aquella situación que sentía se le escapaba de las manos. Por primera vez en mucho tiempo, no encontraba la manera de expresar lo que pensaba sin sentirse expuesto. Había ido decidido a confesarle sus sentimientos a Samantha, pero en vez de eso, ahora tenía que enfrentarse nuevamente a la inseguridad que le provocaba ver a la joven en brazos de Javier.
Porque fuese por la razón que fuese, Samantha estaba con Javier, y aquello lo descolocaba.
Martín tensó la mandíbula y apretó el volante, intentando controlar su frustración.
Tras un profundo suspiro y un carraspeo, Martín rompió finalmente el silencio que reinaba en el coche.
—¿Me podés decir qué querías lograr, Samy? —dijo al fin el ab