Tan pronto como Samantha y Martín se retiraron de la empresa, Javier decidió seguir sus pasos. Los acontecimientos recientes lo habían sumido en una oscuridad profunda. El lugar que durante años había sido su refugio, ahora se había transformado en una cárcel que lo oprimía, obligándolo a buscar una salida inmediata.
Antes de irse, llamó a su asistente y dejó instrucciones con voz seca:
—Quiero que canceles todas mis citas. No solo las de mañana, también las de la próxima semana.
El asistente lo miró atónito. Javier nunca abandonaba sus obligaciones. La única vez que lo había hecho fue cuando su esposa desapareció.
Unos pocos—entre ellos, Martín—, sabían que el ingeniero la había buscado hasta el cansancio, yendo incluso hasta Londres para ver si ella se había instalado allí.
Con el paso del tiempo, al no tener noticias de Samantha, Javier se refugió en el trabajo, intentando tapar el vacío que ella había dejado al marcharse
El hombre nunca hablaba de sus sentimientos; estaba acostumb