Javier apenas pudo descansar. Después del encuentro con los chicos había tratado de ubicar a Martín para enfrentarlo, pero, no había tenido suerte.
Así que esa mañana se levantó muy temprano para ir al encuentro de quien hasta hacía poco tiempo había sido su mejor amigo.
—Ya no vas a poder seguir escondiéndote Martín —murmuró el ingeniero mientras apretaba el volante con fuerza—. Es hora de que nos veamos cara a cara y me digas hace cuanto tiempo me han estado engañando.
Al contrario de Sam que