Apenas escuchó el nombre el bolígrafo se le cayó de la mano de inmediato. Martín se quedó por unos segundos mirando con perplejidad a su secretaria como si lo que le estuviera diciendo su secretaria fuera parte de un sueño, uno de los tantos que había tenido.
Samantha, la mujer que había amado desde siempre, había regresado.
—¿Qué estás diciendo? Ella —musitó, descreído.
—Esa chica... —sonrió pensativa—. Ahora que lo pienso ¿No es la que tanto buscaste? ¿La hago pasar o le doy una cita?
—¿Vos m