Días después...
El abogado Martín Santamaría, estaba trabajando a destajo, como siempre hacía en su despacho, el cual, estaba ubicado en una de las zonas más elegantes e importantes de la ciudad.
Era alguien muy respetado en el ámbito legal por su seriedad y efectividad a la hora de representar a sus clientes en los tribunales. El abogado era de esos hombres que bajo una sonrisa encantadora y mirada amable podía sepultar bajo papeles a sus colegas.
Más de uno en el ambiente legal sabía que,