Después de la conversación con Damián, Martín terminó la llamada y se vistió con rapidez. No le ofreció demasiadas explicaciones al diseñador; su prioridad era no perder ni un minuto. Simplemente le había pedido que lo esperara en la puerta para evitar despertar a todos al tocar el timbre. Además, le mencionó que necesitaba hablar con Samantha y que iba a requerir su ayuda.
El trayecto hasta la casa de Damián se le hizo interminable. La ciudad, ajena y profundamente indiferente, dormía mientras