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Capítulo 13: Fantasmas de agua y lágrimas de sal

 

El agua golpeaba los hombros de Gabriel con una fuerza punzante, pero no lograba lavar los pensamientos que lo atormentaban. Apoyó ambas manos contra el azulejo frío y cerró los ojos, dejando que el vapor nublara su vista, pero no su memoria.

De repente, el ruido de la ducha desapareció y fue reemplazado por el sonido de los grillos y el chapoteo suave del agua de un lago en calma.

Tenían diecisiete años. El mundo de la mafia y las empresas de Max se sentía a galaxias de distancia. Isabella estaba allí, con el cabello mojado pegado a su espalda, mirándolo con una devoción que Gabriel nunca volvió a ver en nadie más. Aquella noche, bajo la luna, él le había entregado todo lo que era: sus miedos, sus sueños de huir, su cuerpo.

Prométeme que no te irás, Gabriel —había susurrado ella contra su pecho, temblando después de que el calor de su primer encuentro se disipara.

Nunca, nena. Eres mía. Siempre serás mía.

Pero el destino tenía otros planes. Su padre lo había descubierto. El "hijo rebelde" tenía que ser enderezado a golpes y enviado lejos, a las fronteras, para aprender el negocio de la sangre. Gabriel recordó el dolor de la paliza, la amenaza de su padre de hacerle daño a Isabella si no se alejaba, y la imagen de ella a lo lejos, viendo cómo él subía a aquel coche sin mirar atrás. Le rompió el corazón para salvarle la vida, y ella nunca lo supo.

Gabriel soltó un gruñido y golpeó la pared del baño. La realidad regresó de golpe: el agua caliente, el lujo de la suite y la mujer que lo odiaba durmiendo al otro lado de la puerta.

—Maldita sea —gruñó, cerrando el grifo.

Salió de la ducha, se secó de mala gana y se anudó una toalla oscura a la cintura. Cuando abrió la puerta del baño, la habitación estaba en penumbra, solo iluminada por la luz de la luna que se filtraba por las cortinas. El silencio era pesado, casi doloroso.

Caminó hacia la cama, esperando encontrar a Isabella despierta y lista para otra ronda de bofetadas o almohadazos, pero se detuvo en seco.

Isabella se había quedado dormida en una posición defensiva, hecha un ovillo en su lado de la cama, todavía con la bata de satén puesta. Su respiración era entrecortada, como si incluso en sueños estuviera librando una batalla. Gabriel se acercó lentamente, sentándose en el borde del colchón con una ligereza que desafiaba su tamaño.

Al verla de cerca, el corazón de Gabriel dio un vuelco.

Dos surcos de lágrimas secas brillaban en sus mejillas bajo la luz plateada. Su rostro, usualmente altivo y desafiante, se veía pequeño, frágil y cargado de una tristeza que él mismo había ayudado a construir.

—Sigues llorando por lo mismo, ¿verdad, nena? —susurró Gabriel, estirando la mano para rozar apenas el cabello de ella, temiendo despertarla—. Sigues pensando que te dejé porque no te quería.

Isabella soltó un pequeño gemido en sueños y se movió, buscando instintivamente el calor de la almohada. Gabriel suspiró, sintiendo un nudo en la garganta que no sentía desde que era aquel chico del lago.

—Si supieras que cada mujer en mi cama durante estos diez años solo fue un intento de borrar tu nombre... si supieras que ver a Max ponerte ese anillo fue el día que realmente morí...

Se inclinó y, con una ternura infinita, depositó un beso casi imperceptible sobre la lágrima seca de su mejilla. Isabella frunció el ceño ligeramente, pero no despertó. Se veía tan vulnerable, cargando un hijo que Max despreciaba y que Gabriel amaba simplemente porque venía de ella.

—Mañana volveré a ser el bruto que odias, el mafioso que te reclama —continuó él en un murmullo, acomodando la manta sobre sus hombros—. Pero esta noche... esta noche solo soy el chico que nunca debió dejarte ir.

Gabriel se acostó a su lado, manteniendo una distancia respetuosa pero lo suficientemente cerca como para oler su perfume. Se quedó mirando el techo, velando su sueño, sabiendo que al amanecer la guerra continuaría y que ella volvería a usar sus palabras como cuchillos. Pero por ahora, verla dormir era la única paz que el Capo Miller se permitía tener.

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