Quiero nietos, no uno... muchos
Después de desayunar unos pequeños pasteles recién horneados y un jugo de naranja que Giorgio había enviado a buscar temprano con uno de sus hombres, ambos terminaron de ordenar la vieja casa. Antes de marcharse, Giorgio recorrió con la mirada cada rincón de aquella vivienda que había permanecido cerrada durante tantos años.
Ya no le transmitía el dolor que lo había acompañado desde el accidente; por el contrario, por primera vez volvía a sentirse como un hogar. Se volvió hacia Lia, que esperab