Jean entregó la carpeta al Don Di Lucca sin decir una sola palabra. Cuando el hombre comenzó a revisar los documentos, hizo una pequeña seña con la cabeza.
La puerta volvió a abrirse.
Mark y Will entraron sujetando a una mujer joven vestida con un uniforme de enfermera. El blanco de la ropa estaba sucio y arrugado, el cabello desordenado y las manos le temblaban sin control. Apenas levantó la vista y descubrió que estaba rodeada por los hombres más poderosos y peligrosos de Italia, sintió que l