Giorgio estaba sentado en el despacho con Lia acomodada sobre sus piernas, rodeándola con un brazo mientras revisaba algunos informes. Ella permanecía completamente relajada contra su pecho, disfrutando simplemente de sentir nuevamente los latidos de su corazón. Frente a ellos, Fiorella los observaba con una sonrisa enorme que apenas podía contener.
—Al fin despertaste de ese letargo, Lia.
Lia sonrió y levantó la vista hacia su prima.
—Fio... si sabías que yo quería a Gio, ¿por qué jamás me lo