Yo... también le pertenezco a Lia.
El salón del consejo estaba completamente lleno. Los Dones ocupaban sus respectivos lugares alrededor de la enorme mesa redonda de caoba. Sobre las paredes seguían colgando pinturas robadas de distintos museos del mundo, reliquias que representaban siglos de poder y sangre. Nadie hablaba. El ambiente era pesado.
La enorme puerta se abrió.
Giorgio Bellamonte entró caminando con la seguridad que siempre lo había caracterizado. Vestía un impecable traje negro, la camisa ligeramente abierta en el c