La mañana llegó lentamente, tiñendo de tonos dorados las ventanas de la antigua casa mientras los primeros rayos del sol atravesaban las cortinas cubiertas de polvo. La chimenea ya no rugía con la intensidad de la noche anterior; únicamente quedaban algunas brasas incandescentes que desprendían un calor tenue, suficiente para mantener el ambiente agradable. El aroma de la leña quemada seguía impregnando cada rincón de la habitación, mezclándose con el delicado perfume a lavanda que conservaba l