La mañana llegó. El sol aparecía por las colinas y el bote ondeaba suavemente mientras Gio tenía a Lia envuelta en sus brazos. En medio de la noche habían ido a la cabina, donde había una cama cómoda que se usaba cuando los viajes eran largos. Gio había traído la piel, las mantas y las almohadas; no quería que Lia se resfriara, y se habían vuelto a entregar a esa pasión contenida por años en ese lugar.
La mañana llegó y Gio estaba desnudo, abrazándola, mientras ella también se pegaba a su cuerp