La luna llena continuaba suspendida sobre el lago, derramando un resplandor plateado que hacía parecer el agua un inmenso espejo. El bote apenas se balanceaba con la corriente y el mundo entero había desaparecido más allá de aquella pequeña embarcación donde solo existían ellos dos. Lia permanecía recostada sobre el pecho de Giorgio mientras escuchaba el latido firme de su corazón. Cada tanto levantaba la vista para observarlo; todavía le costaba creer que aquel hombre, al que durante tanto tie