La cena transcurría entre conversaciones sobre nuevos puertos, alianzas comerciales y la expansión de las distintas organizaciones italianas. Leonardo Romano dirigía la reunión con la naturalidad de un hombre acostumbrado a sentar en una misma mesa a los Don más poderosos del país, mientras los empleados servían el primer plato y el vino comenzaba a llenar nuevamente las copas.
Lia participó con seguridad cada vez que alguno de los presentes preguntaba por las nuevas rutas comerciales de los Bel