Jean salió primero del despacho mientras Giorgio ayudaba lentamente a Lia a caminar. Apenas abrió la puerta, una mujer bajita, de largo cabello negro y ojos marrones tan oscuros que casi parecían negros, estaba peleando con uno de los guardias, quien la sostenía sin ninguna dificultad mientras ella se retorcía como un pequeño huracán.
—¡Que me sueltes, bestia llena de esteroides!
Le dio una patada directo en la ingle, obligándolo a soltarla. Sin embargo, en lugar de escapar, chocó de lleno cont