La tensión provocada por las palabras de Magdalena terminó disipándose poco a poco gracias a las bromas de Leonardo Romano. La música volvió a llenar el salón mientras los empleados retiraban los últimos platos y varias parejas comenzaron a dirigirse hacia el centro de la pista de baile. Las enormes lámparas de cristal bañaban el salón con una luz cálida que se reflejaba sobre el mármol pulido, creando una atmósfera elegante que contrastaba por completo con el peligro que representaban las fami