La residencia de la familia Romano brillaba bajo la cálida luz del atardecer. Los jardines perfectamente cuidados, las fuentes de mármol y los vehículos de lujo estacionados frente a la entrada dejaban claro que aquella no era una simple cena, sino una reunión reservada para algunas de las familias más poderosas de la mafia italiana.
El automóvil negro de los Bellamonte se detuvo frente a la escalinata principal y uno de los empleados abrió inmediatamente la puerta trasera.
Giorgio descendió pr