La segunda semana pasó entre mentiras cuidadosamente construidas. Cada mañana Ginna llegaba con un nuevo álbum familiar donde aparecían Giovanni Bellamonte, Giancarlo, ella y un joven Giorgio sonriendo frente a distintas casas, reuniones y cumpleaños. Paula notó a Gio extraño y tomó su mano.
—¿Estás bien?
—No lo sé, mi mente está completamente vacía, pero mi cuerpo... reacciona como si supiera algo que yo no sé.
Paula sintió cómo aquellas palabras le helaban la sangre.
—¿A qué te refieres?
—Cua