Pasaron dos semanas.
En Italia el mundo parecía estar ardiendo bajo los pies de Lia Bellamonte. Cada empresa perteneciente a Giancarlo Bellamonte o a Paulino Weiss era atacada sin descanso. Muelles incendiados, cargamentos desaparecidos, socios rompiendo contratos y rutas comerciales bloqueadas. Donde aparecía el nombre Weiss o Bellamonte, aparecía también la Mamba Negra para destruirlo todo. Nadie podía detener aquella guerra silenciosa que la Donna había declarado desde el momento en que le a