Los días fueron pasando lentamente.
Giorgio observaba todo como si viviera detrás de un cristal. Ginna y Paula parecían desbordar felicidad mientras hablaban de la boda a cada momento. Giancarlo y Paulino discutían contratos, invitados, alianzas y negocios que nacerían con aquella unión. Todos avanzaban con una seguridad absoluta, como si el futuro ya estuviera escrito, mientras él simplemente permanecía allí, contemplando una vida que, según todos, le pertenecía, pero en la que era incapaz de