El despacho permanecía completamente en silencio. Lia caminaba de un lado a otro sin poder quedarse quieta mientras Jean esperaba junto al enorme televisor preparado para recibir la videollamada. Los segundos parecían eternos. Cada minuto que pasaba aumentaba la ansiedad de Lia, hasta que, por fin, la pantalla se iluminó. Jean aceptó la llamada y el rostro de Elian apareció al otro lado. Vestía una camisa negra y detrás de él podía verse el interior de una habitación de hotel.
—Hola, Lia... ¿có