Uno más.
—Dante… Dante… —La voz de Isabella rompía el silencio denso que llenaba la estrecha cabina de vinos.
Él estaba de espaldas, fingiendo interés en una de las estanterías. Sus dedos acariciaban distraídamente el cuello de una botella, como si de repente fuera lo más fascinante del mundo.
Desde que Lorenzo había partido a su videoconferencia, absorto de lo que pasaba en su entorno y, Valeria se había marchado con Leila a alguna Joyería, ambos se habían quedado brevemente solos en la cabaña. Pero es