Ambos entonces se quedaron viendo fijamente a su hijo, conscientes del gran amor que sentían por él y cuánto deseaban tenerlo a su lado.
—¿Dónde estamos? —deseo asegurarse, regresando la vista hasta esté.
—En tu casa —respondió con toda naturalidad.
—¿De qué estás hablando? —le preguntó en verdad confusa por sus palabras.
—Hablo de que esta casa es tuya y de nuestro hijo —reconoció, consciente de que tenía que ser completamente honesto con ella; sobre todo si quería ganarse su absoluta confianz