Una vez fuera de la casa, se topó con los guardias que la custodian.
—Voy a salir un momento, quiero que mantengan vigilada a la señora Emma —les ordenó, consciente de lo que era capaz para salirse con la suya.
—Está bien señor —respondieron estos a su vez.
Oliver tomo su auto y es que estaba dispuesto a aclarar la verdad sin importar el precio que tuviese que pagar para hacerlo. Se dirigió enseguida a casa de su prometida; pues, aunque en el fondo no quería creer que hubiese dicho algo como lo