Al escuchar eso, Emma volteo a su alrededor y vio que en la mesita de al lado de la cama había unas tijeras. Decidió entonces tomarlas en medio de un arrebato.
—Te juro que si te lo llevas, que si lo apartas de mi lado; no me detendré ante nada y te matare, eso tenlo por seguro —lo amenazó con furia.
—Yo nunca me atrevería a hacer algo como eso —le aseguró.
—Pues no lo parece, me has arrebatado a mi hijo y no permitiré que eso ocurra —le dijo sin dejarse achicar ante este, aun en su condición.