Luego de algún rato, Emma comenzó a recuperar la conciencia; pero sentía los párpados pesados, la boca seca y estaba terriblemente agotada. Sin embargo y aun a pesar de su malestar, sabía que no podía darse por vencida; no por sí misma, sino por su hijo. Sabía que si ella no hacía algo podría significar la muerte de su pequeño y jamás se perdonaría si eso sucediera, así que comenzó a arrastrarse hasta las escaleras.
Justo cuando llegaba a estás, se dio cuenta de que la herida que Barbara le hab