Ella traía en sus manos una taza de té humeante.
—Te ordené que trajeras a mis hermanos; ¿dónde están? —le cuestiono muy enojado.
—Durmiendo, no pienso traerlos —le respondió, cerrando la puerta y sentándose en una silla cercana.
—¿Qué crees que estás haciendo? Ve ahora mismo por alguien que me ayude —ordenó, comenzado a desesperarse porque no hiciera lo que le pedía.
—Aquí estoy justo para hacer eso, sólo tiene que dejarme —le recordó con toda calma.
—Prefiero pasar la noche en el piso antes qu