CAPÍTULO 40
Empecé a gritar de dolor. El vientre me ardía como si se me fuera a desgarrar. Solo podía pensar en mi bebé. Tenía miedo de perderlo. Tenía miedo de que todo lo que había soportado no hubiera servido de nada. Mis manos temblaban y sentía la sangre correr entre mis piernas.
—¡Román! —grité—. ¡Ayúdame!
Él se acercó apresurado, Me cargó en sus brazos, desesperado, salio casi corriendo de la mansión, Me subió al auto y le ordenó al chofer que manejara lo más rápido posible hasta el hos