CAPÍTULO 39
Kaleb seguía besándome el cuello con desesperación, como si no pudiera detenerse. Yo tenía las manos en su saco, lista para quitárselo, completamente perdida en ese impulso que me arrastraba hacia él, lo deseaba como siempre, éramos uno solo, y era inevitable no dejarnos llevar
Pero reaccioné, regrese a la realidad, un baldado de agua fría me hizo recordar que era lo correcto. No podía hacerle esto a Cristal, ni a Román, ni a mi bebé.
Lo aparté con fuerza y le di una cachetada. Él abrió los ojos de inmediato, sorprendido, Se llevó la mano a la mejilla, confundido.
—¿Qué estás haciendo? —pregunté alterada fingiendo que esto no era normal —. ¡No puedes hacer esto, Kaleb!
Él respiraba agitado, todavía luchaba contra algo dentro de sí, sus instintos eran más fuertes que el
—No sé qué me pasó —dijo en voz baja—. Sentí un impulso… más fuerte que mi razon. No lo entiendo...
—Debe ser que estás en celo —respondí rápido, inventando lo primero que se me ocurrió—. Y yo estoy en mis