CAPÍTULO 39
Kaleb seguía besándome el cuello con desesperación, como si no pudiera detenerse. Yo tenía las manos en su saco, lista para quitárselo, completamente perdida en ese impulso que me arrastraba hacia él, lo deseaba como siempre, éramos uno solo, y era inevitable no dejarnos llevar
Pero reaccioné, regrese a la realidad, un baldado de agua fría me hizo recordar que era lo correcto. No podía hacerle esto a Cristal, ni a Román, ni a mi bebé.
Lo aparté con fuerza y le di una cachetada. Él