CAPITULO 114
—Tengo que ir —dije apenas Ulises abrió un poco la salida de la cueva para mirar afuera.
Cristal se puso frente a mí como si pudiera detenerme con su cuerpo.
—No —me dijo—. Ni siquiera estás aún sana, te puedes desmayar de nuevo.
Yo intenté enderezarme, pero el mareo me golpeó. Me apoyé en la pared y respiré por la nariz. Me ardía la garganta.
—Ariadna, mírate —insistió Cristal.
Había un pedazo de metal tirado en el suelo, parte de una armadura. Lo levanté y vi mi reflejo. Me dio r