A primera hora de la mañana, Eloisa se levantó sobresaltada, como si hubiera escuchado una alarma invisible dentro de su cabeza. Tardó unos segundos en recordar dónde estaba, por qué había alguien más respirando en su departamento y por qué su vida se había convertido en un extraño equilibrio entre lo cotidiano y lo sobrenatural.
Giró la cabeza.
Sebastián ya no estaba en el sillón improvisado donde había pasado la noche, la manta doblada con demasiada precisión era prueba suficiente de que se h