La puerta de la cocina se cerró con un clic suave, casi inocente.
Pero dentro… la atmósfera cambió de inmediato.
Las cuatro mujeres se miraron en silencio durante un segundo solemne, como si estuvieran a punto de iniciar una reunión secreta de altísimo nivel estratégico.
La madre de Eloisa tomó aire.
—Bien —dijo—. Tenemos poco tiempo y mucho trabajo.—
Una de las tías miró el reloj.
—¿Cuánto es “poco tiempo”?—
—La cena de esta noche.—
Las tres tías abrieron los ojos al mismo tiempo.
—Perfecto, m