Debajo de la mesa, Eloísa jugueteaba nerviosa con la servilleta, no sabía qué había sido ese beso, no había sido solo un beso.
Había sido… una promesa que nadie había dicho en voz alta.
Le molestaba que su corazón latiera tan rápido.
Le molestaba que quisiera volver a mirarlo.
Le molestaba, sobre todo… que no quisiera que terminara la noche.
—¿Todo bien, hija? —susurró su madre, inclinándose hacia ella con una sonrisa demasiado inocente para ser real.
—Sí… claro… ¿por qué?—
—Por nada… solo tien