Despierto sobresaltada y me incorporo en la cama desorientada, mientras me quito el pelo de la cara. Estoy jadeando por la falta de aire y me llevo una mano al pecho, mientras mi corazón galopa furioso. Sollozo con violencia y apenas puedo respirar debido a las lágrimas y el llanto desgarrador que me atenaza.
Duele. ¡Mierda!, esto duele demasiado.
Lloro a lágrima viva, mientras aprieto la mano contra mi pecho. Todo se vuelve a apretar, se estruja, se atenaza y se desgarra. Es como si alguie