Carter detiene el tenedor a medio camino y me mira.
—La saqué rápido de allí. Quería que tuviera una cita con su hijo — blanqueo los ojos —. Bastante ridículo, ¿cierto?
Deja los cubiertos despacios y se limpia la boca con la servilleta de tela. Toma su copa y da un largo sorbo, totalmente absorto en sus pensamientos. Frunzo el ceño. Estaba esperando una risotada o que gruñera que Audrey debía mantenerse alejada de mi vida, no este silencio. Miro a Natalia de soslayo y ella se encoge de hombros