—Estás tarareando.
La voz de Natalia me saca de mis pensamientos y casi me hace trastabillar.
Parpadeo un par de veces, enfocando de nuevo el camino. Sin detener mis pasos apresurados, vuelvo el rostro para ver a mi sonrojada y sudada cuñada a mi lado.
—¿Qué?
—Que sigues con esa infernal melodía — resuella.
La brisa fría cerca del río hace tener las mejillas enfebrecidas y el sudor apelmaza mi cabello atado en una coleta alta.
—No sé de qué hablas — acelero solo un poco mi paso firme, adel