Capítulo 57. Fantasmas en el Despacho
El silencio en el despacho no era paz; era una presión sorda, un zumbido en los oídos que Julian intentaba ignorar con el roce de la pluma sobre el papel. La luz de la lámpara de banquero bañaba el escritorio con un resplandor verde y enfermizo, recortando las sombras de los libros contra las paredes como figuras que lo observaban.
Llevaba dos horas frente a la página en blanco. Una gota de sudor le resbaló por la sien, pero él no la limpió. Su mente era un campo de batalla. Intentaba escribir