Capítulo 33. Crónica de una infamia
La puerta se abrió con una violencia que hizo vibrar los marcos de madera. Maximilian entró, pero no traía su arrogancia habitual; su rostro estaba pálido, casi cenizo, y sus manos temblaban ligeramente al soltar el periódico sobre la mesa.
—¿Te has vuelto loca, Eleanor? —su voz era un siseo desesperado—. Vi las fotos. Vi los videos del circuito cerrado que se han filtrado en internet.
Eleanor se giró lentamente, manteniendo la calma de quien domina una tormenta. —Si has venido a darme un sermó