El silencio regresó a la habitación, pero ya no era denso, sino vibrante, cargado con el olor a sexo y a vida que acababan de reclamar. Eleanor sentía el pecho de Julian subir y bajar en un ritmo frenético que poco a poco encontraba su calma. Ella seguía anclada a él, con la frente apoyada en el hueco de su hombro y las piernas entrelazadas, sintiendo cómo el calor de su interior se enfriaba lentamente ante la ausencia de movimiento.
Julian dejó escapar un suspiro largo, un sonido que era mitad