Capítulo 23. La Maestra de la Ilusión y el Juego del Lobo
El nombre de Julian Thurne había congelado el aire, pero Eleanor Vance no era una mujer que se dejara arrastrar por el pánico. En el silencio atronador que siguió a la revelación de Blair Cavendish, una chispa fría y calculadora se encendió en sus ojos. Su cerebro, entrenado en la intriga del mercado editorial, comenzó a girar a una velocidad vertiginosa. No podía derrumbarse; no delante de ellos. No sería la carnada para los titulares, ni el hazmerreír de la ciudad. Esto no era un escándalo; era una oportunidad.
Eleanor se recompuso con una gracia asombrosa. Una sonrisa, perfectamente calibrada entre la sorpresa y la satisfacción, apareció en sus labios. Respiró hondo, enderezó los hombros, y su voz, aunque un poco más alta de lo normal, recuperó su gélida claridad habitual.
—Oh, damas y caballeros... —comenzó Eleanor, con un tono que denotaba una diversión indulgente, casi como si el joven periodista hubiera estropeado un número de magia cuidadosamente preparado—. ¡Pero qué impacien