Capítulo 21. La Armadura de Seda
La noche de la gala en El Ateneo no era solo un evento; era un despliegue de poder absoluto, una coreografía minuciosamente ensayada donde cada gesto, cada silencio y cada joya cumplía una función política. El aire, denso y cálido, estaba saturado con el aroma embriagador de tres mil orquídeas blancas importadas que decoraban las balaustradas de caoba, mezclándose con los perfumes más caros de la élite financiera y literaria de la ciudad.
Camareros de movimientos felinos y guantes de un blanco