Capítulo 15. Alba tras la jauría
La luz grisácea del alba se filtró por las rendijas de las tablas, cortando el humo de la chimenea en láminas de polvo y frío. La noche no había terminado con un final heroico, sino con un desgaste lento, segundo a segundo, hasta que los aullidos se perdieron en el rugido del mar y el repiqueteo de la lluvia se convirtió en un goteo perezoso.
Eleanor sentía cada músculo de su espalda rígido contra la madera de la silla vieja. Sus ojos, enrojecidos por la falta de sueño, se desviaron hacia la ve