CAPÍTULO 51. CONFESIONES
Seguí mi camino ya no valía la pena seguir escuchar esa conversación, ya tenía suficiente información.
Mis pasos resonaban con firmeza en el pasillo, cada uno marcando la irritación que aún no terminaba de disiparse.
En realidad esta manada nunca se sintió como un hogar, había demasiadas sombras e intereses ocultos, pisoteando gente inocente en el camino como si no valieran nada…
Apreté la mandíbula.
Solo había una persona aquí que valía la pena, una sola y era mi madre, ella era la única razó