CAPÍTULO 55. DESCUBIERTA
Terminamos de comer y, poco a poco, la conversación tomó un rumbo más ligero.
Hablamos de las clases que estábamos cursando, de algunos profesores y de las costumbres de las manadas que yo todavía no lograba comprender del todo. León hizo un par de bromas al menos consiguió arrancarme una sonrisa, pero la tranquilidad duró poco.
La expresión de León cambió de repente y se volvió más seria.
—Hablé con el Gamma de mi manada hace unos días —dijo mientras jugueteaba distraídamente con una hoja seca