CAPÍTULO 18. MATE
—Despierta… ya llegamos —dijo León con voz calmada.
Sentí cómo apartaba con suavidad un mechón de cabello que había caído sobre mi rostro.
Mis ojos se abrieron poco a poco, todavía pesados por el sueño, las luces del lugar iluminaban tenuemente el interior del vehículo.
Iba a incorporarme para bajar por mi cuenta cuando, de pronto, sentí su brazo rodear mis piernas mientras otro se acomodaba firme detrás de mi espalda. En un solo movimiento me levantó del asiento.
Instintivamente llevé mis braz