Thomas aparcó la camioneta frente a la casa de su madre y apagó el motor. Se quedó un momento en silencio, con las manos sobre el volante, respirando hondo. Sabía que la conversación con Xavier sería crucial. Aunque confiaba en que su hijo lo entendería, no podía evitar sentirse nervioso. Después de todo, Xavier había sido testigo de los conflictos con su madre y, aunque nunca hablaba demasiado del tema, Thomas sabía que guardaba sus propias heridas… Aunque él fingiera que le daba lo mismo.
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