Xavier salió de la ducha con la toalla envuelta en la cintura, con el cabello aún goteando, y descalzo. Pasó corriendo al lado de su padre, que iba en dirección hacia su habitación, chorreando agua y semidesnudo.
—¡Xavier, no corras descalzo y mojado! —le gritó su padre, pero el niño solo carcajeó y se encerró en su habitación. Hoy nada ni nadie podría a sacarle el buen humor. Su padre finalmente iba a presentar a Sophia a toda la familia como su novia oficial, y no daba más de la emoción. Habí